lunes 28 de noviembre de 2011

Miles Johnson. Financial Times


Erase una vez un país líder en la producción de un alimento admirado por el mundo entero pero donde nadie ganaba dinero… erase una vez la cadena de valor del aceite de oliva en España
Los mismos actores, el mismo escenario, las mismas justificaciones… auguran que de momento nada vaya a cambiar. Ni los records de comercialización sustentados en el mercado exterior, ni el auge del zumo de aceituna como alimento de moda en el mundo, ni la patente ruina de todo un sector productor, con el consiguiente problema social, pueden con la maldita competición de las grandes superficies que siguen utilizando, como su juguete favorito, la garrafa de 5 litros de aceite de oliva a 9.90 euros en la portada de sus pasquines publicitarios. Perversión total. Y nos preguntamos ¿A quién beneficia esta situación?, y nos respondemos a NADIE… ni siquiera a los que la provocan

Hace unos meses recibimos una llamada en AEMO.

- Hola, disculpe por mi español, soy Miles Johnson, corresponsal del Financial Times en Madrid.
- ¿En qué podemos ayudarle?
- Estoy preparando un artículo sobre el aceite de oliva en España, hemos oído que existe una crisis de precios. Querríamos ir a verlos y que nos expliquen qué está pasando. ¿Es posible?
- ¿Por qué no?, venga a Córdoba y le atenderemos.

Miles es un joven reportero que acaba de desembarcar en la corresponsalía de FT en Madrid después de ejercer de analista de mercados en la Headoffice de Londres. Lo recogemos en el AVE con un programa apretado, pretendemos visitar un olivar intensivo y otro de Sierra en tres horas, responder a sus dudas en el camino y de vuelta a Madrid. Visita exprés. En diez minutos ya percibimos que se trataba de un tipo inteligente, preparado y con una trepidante capacidad de análisis.

- ¿Cómo está el sector productor, los agricultores del olivo?
- Arruinados, llevamos tres años en pérdidas.
- ¿Por qué?

Y le explicamos lo que hay, que si la venta a pérdidas, que si la atomización del sector productor, que si venden muchos aceite en origen y compran pocos en la distribución, que si no hay financiación para aguantar producto en la bodega, etc, etc.

- ¿Y hay sobreproducción?
- No, se vende todo lo que se produce.
- ¿Ganan dinero los productores?
- No, pierden.
- ¿Y las fábricas de aceite?
- Lo justo.
- ¿Y los envasadores y comercializadores?
- No.
- ¿Y la distribución con su margen?
- No, pierden.
- ¿Entonces quién gana dinero?
- Nadie.
- He estudiado muchos mercados de distintos productos y nunca había visto nada igual. Debe haber una explicación. ¿Qué es esto?,
- No sabemos, parece una especie de pacto absurdo para autoinmolarse.
- Cuesta entender que esta sea la estrategia de un país líder en un producto como el aceite de oliva, créame que es todo un lujo para nosotros, los anglosajones. Nada se aprecia más en las cocinas de mi país que una botella de zumo de aceituna.

Tres días después Miles nos envía su artículo “Squeeze hits spanish olive farmers”, donde con una sorprendente redacción concluye que los olivicultores españoles están ahogados en una situación tan innecesaria como insostenible. Nos pareció una limpia interpretación de alguien ajeno al sector pero experto en economía, fresca opinión propia de un inteligente observador que desde fuera analiza la situación con más objetividad que los que estamos enfrascados en esta rancia garrafa.

Y realmente es así, caminamos hacia el cuarto año en pérdidas y nadie hace nada, analizamos una y otra vez el porqué del inmovilismo del mercado hacia el abismo, la razón por la que asumimos un macabro equilibrio innecesario y nos preguntamos quien sale beneficiado de todo esto, y lo peor es que no encontramos a nadie, o casi nadie. Pareciera como, sin darnos cuenta, estuviéramos embutidos en una situación absurda que nos lleva al caos, a una deriva sin causas justificadas.

Porque analicemos, más allá de quien es el culpable, quien sale beneficiado del ínfimo precio del aceite:

- LOS OLIVICULTORES. Producen a 2.20 €/kg de media y venden a 1.80 €/kg de aceite. Por tanto ruina absoluta. No hay que dar más explicaciones

- LAS COOPERATIVAS. Mismo razonamiento anterior porque cooperativas son agricultores.

- LOS ALMAZAREROS PRIVADOS. Obtienen como beneficio sus maquilas, a precio ajustado. Pero la mala situación financiera de los que le llevan la aceituna hace que les exijan el pago de la mercancía de forma inmediata por lo que tienen que financiar y eso, en estos momentos, es muy difícil. Digamos que es un colectivo que no pierde pero al que su cliente, el olivicultor, le está trasladando la presión que sufre. Sin duda si hubiera márgenes para el productor, la industria transformadora estaría en mejor situación. Luego, en principio, tampoco sacan nada de los bajos precios.

- LOS ENVASADORES Y LAS MARCAS TRADICIONALES. Reciben la presión de la distribución para ajustar cada vez más los precios finales por lo que los márgenes son peligrosamente bajos, se tienen que plegar ante el auge de la marca blanca incluso haciéndosela a la distribución. Sin duda pierden con esta situación y llevan al límite todo, incluida la calidad.

- LA DISTRIBUCIÓN. Merece capítulo aparte, porque aunque en principio podríamos decir que aquí está el kit de la cuestión y que la venta a pérdidas que realizan se ve remunerada por la cuota de clientes ganada por la utilización del aceite como producto gancho, debemos reflexionar más allá por si ellos no lo han hecho. Algún gran lineal de España comenzó hace un tiempo a utilizar el oliva como producto gancho, aún renunciando a sus márgenes, y puede ser que al principio recibiera esa remuneración en forma de cuota de clientes, ahora bien en este momento nos preguntamos: ¿Si todas las grandes cadenas incluyen el aceite de oliva como gancho?, como está ocurriendo ¿Qué beneficio obtienen? Y nos atrevemos a responder. NINGUNO. Por tanto el único segmento que se podía ver beneficiado por esta situación, que en gran parte han creado, tampoco se beneficia.

- EL CONSUMIDOR. Aquí si podíamos decir que está el beneficio, es decir, se ha trasladado como hemos dicho en alguna ocasión, el margen al consumidor, un margen que por otra parte nunca pidió. Pues bien pensamos que no existe un beneficio como tal. En primer lugar porque el consumidor está dispuesto a pagar más por el aceite de oliva, de hecho en España que es donde se vende el aceite más barato no suben las ventas (fuera si). Por otro lado estos precios bajos, vinculados con el auge de la marca blanca, pensamos que están provocando inevitablemente una merma de la calidad de los zumos ofrecidos en el lineal. Sinceramente estamos seguros de que el consumidor español estaría dispuesto a pagar más por una calidad superior, y eso nos lo ratifican las encuestas que hacemos continuamente desde el observatorio de AEMO. Por tanto, sin entrar en polémicas y sin tirar piedras contra nuestro sector, digamos que el consumidor tampoco sale beneficiado de esta guerra de precios y del producto finalmente ofertado.

Así pues, como decía nuestro amigo Miles, la situación no tiene explicación desde el punto de vista objetivo de las leyes del mercado y lo terrible de todo esto son las consecuencias que puede traer para los cientos de miles de olivicultores españoles que se encuentran realmente asfixiados y que se enfrentan a la cuarta campaña en pérdidas.

Quizás todo sea más fácil de lo que parece y simplemente se trate de analizar por qué estamos provocando esta situación de la que nadie sale beneficiado y ponerle una solución que pasa por una remuneración justa al que produce. A corto plazo esta cuestión se la tiene que plantear la distribución… y la administración haciendo cumplir las leyes, de una vez y de forma tajante.

Miles Johnson, mientras lo trasladábamos, se interesó por un mausoleo romano puesto en valor en una rotonda de Córdoba capital y le explicamos de qué se trataba. Aprovechando esta circunstancia terminaba su artículo afirmando que el sector oleícola español podría estar enterrando lo que los romanos plantaron en la Bética hace más de dos mil años, el olivar… había percibido perfectamente, desde su desconocimiento hacia el sector, lo que puede ser nuestro negro futuro, si no ponemos solución.

Fuente: Asociación Española de Municipios del Olivo (www.aemo.es)